La catedral y el bazar

El cambio hacia modelos de desarrollo de software ágiles, con procesos continuos de integración y publicación de nuevas funcionalidades, nos obliga como redactores técnicos a revisar nuestros propios métodos de trabajo. Abandonar el modelo impuesto por el gestor de contenidos tradicional e integrar las tareas documentales en el ciclo de desarrollo es ahora más necesario que nunca.

La catedral y el bazar

En 1999, Eric S. Raymond -uno de los principales representantes de la iniciativa de código abierto- publicó su ensayo La Catedral y el Bazar. En este popular ensayo, Raymond relata su experiencia durante el desarrollo de software de código abierto, a la vez que anima a los programadores y empresas a adoptar esta filosofía de trabajo.

Raymond utiliza los conceptos de catedral y bazar para ejemplificar dos modelos de desarrollo bien diferenciados. La catedral representa el desarrollo de software propietario, donde el código fuente es accesible solo a un reducido grupo de programadores. Por el contrario, el bazar representa el desarrollo de software de código abierto, donde el código es accesible a colaboradores. La rigidez de una catedral sirve de metáfora de un sistema cerrado y centralizado, mientras que el dinamismo de un bazar representa un sistema abierto y colaborativo. Raymond defiende que la posibilidad de incorporar mejoras y eliminar errores es mucho más amplia en un modelo colaborativo que en uno centralizado. La conclusión es que el software resultante de un modelo colaborativo incorpora menos errores y es, necesariamente, de mayor calidad.


La tesis expuesta en La Catedral y el Bazar ha sido motivo de discusión entre defensores y detractores del software de código abierto. El modelo colaborativo no está exento de problemas, pero ofrece ventajas que lo hacen atractivo para muchas empresas de desarrollo. No resulta extraño ver cómo estas empresas buscan hoy fórmulas que les permitan adoptar metodologías propias del código abierto sin renunciar al control del código y de la propiedad intelectual del mismo.

Paralelamente, las herramientas de desarrollo de software incorporan cada vez más funcionalidades que permiten llevar los principios de desarrollo colaborativo a los equipos de trabajo. Unido a esto, el proceso de integración y entrega continua (conocido por las siglas en inglés CI/CD, o continuous integration/continuous deployment) permite publicar nuevas funcionalidades y solucionar errores con relativa rapidez. Pensemos solo en la frecuencia con la que se actualizan muchas de las apps en nuestros teléfonos móviles.

El problema con los gestores de contenido

Resulta extraño ver cómo este cambio en las metodologías de desarrollo ha tenido escasa repercusión en la documentación de software. Este campo sigue asentado en tareas de redacción, revisión y publicación que, en esencia, han cambiado poco en los últimos años. En la escritura, XML sigue siendo el lenguaje de marcado estándar. La revisión en muchos casos se realiza aún mediante archivos PDF o, lo que es peor, a través del correo electrónico. La publicación, que progresivamente ha pasado al medio web, requiere en muchos casos de horas de ajustes para generar el archivo PDF o HTML correcto.

Este flujo de trabajo está hoy sustentando por gestores de contenido (conocidos por las siglas en inglés, CMS) complejos, que pretenden resolver las necesidades documentales de muchas organizaciones a la vez, pero que terminan por no resolver enteramente las necesidades de ninguna.


Pero el problema fundamental reside en que el gestor de contenidos tradicional entiende las tareas de redacción, revisión y publicación como acciones que se suceden ordenadamente en el tiempo y no, como demuestra la experiencia, de forma conjunta. Como problema añadido, la posibilidad de incorporar mejoras por parte de los colaboradores está limitada a la fase de revisión, quedando la documentación efectivamente cerrada durante la mayor parte de su ciclo de desarrollo.

"Tira tu CMS"

En el año 2014 Patrick Arlt (@patrickarlt), en el marco de las conferencias Write the Docs, realizó la presentación Tira tu CMS (titulada originalmente Ditch Your CMS With Git and Static Site Generators). Arlt plantea en esta presentación abandonar el uso de gestores de contenido en favor de herramientas de código libre que favorecen la colaboración y reducen la complejidad del proyecto documental.

Un año después, en Abril de 2015, Anne Gentle (@annegentle), describía el proceso documental adoptado por el fabricante de software OpenStack en su artículo Git y GitHub para una documentación fuente abierta (originalmente, Git and GitHub for open source documentation). El modelo propuesto por Gentle -que posteriormente desarrollaría con más detalle en su libro Docs like code- propone al redactor técnico trabajar de manera conjunta con los equipos de desarrollo, adoptando las metodologías y herramientas de estos equipos. Porque si la documentación de un software es parte integral del producto y se realiza en paralelo, ¿no resulta más coherente que los flujos de trabajo sean los mismos? Bajo este nuevo paradigma, escribir documentación no dista mucho de escribir código.

En síntesis, la metodología Docs like Code propone:
  • Abandonar el uso de gestores de contenido tradicionales en favor de herramientas colaborativas como GitHub (un repositorio de código muy popular entre los desarrolladores).
  • Adoptar lenguajes de marca ligeros (del inglés, lightweight markup languages) como formato, abandonando lenguajes complejos como XML. El ejemplo más conocido de estos lenguajes es Markdown.
  • Incorporar procesos de revisión continuos donde los revisores puedan registrar cambios en cualquier momento mediante los mecanismos de pull-request ofrecidos por GitHub.
  • Publicar regularmente la documentación del producto mediante el uso de generadores estáticos de páginas, que permiten transformar los textos en formato Markdown en código HTML.

GitHub

Millones de desarrolladores en todo el mundo usan GitHub como repositorio para el código de sus aplicaciones. Pero, ¿qué hace de GitHub un entorno tan atractivo para los aficionados, desarrolladores independientes y empresas? El éxito comercial de GitHub nace de su capacidad de simplificar el uso de la herramienta Git (una utilidad de software creada originalmente para gestionar el desarrollo de Linux) en una interfaz web fácil de usar. GitHub facilita además que múltiples personas pueden colaborar en un mismo proyecto de manera relativamente sencilla. La complejidad y diversidad del software actual convierten en imprescindible esta capacidad de la plataforma para escalar fácilmente.

Pero este cambio en los métodos de desarrollo de software no dista mucho de lo que ocurre en el ámbito de la documentación. Si en el pasado un manual era responsabilidad de un único redactor técnico hoy en día, con la creciente complejidad tecnológica y la integración continua de cambios, el resultado final precisa de la colaboración y coordinación de múltiples personas. El modelo de catedral impuesto por los gestores de contenido no ha sido capaz de dar respuesta a este cambio.

El momento es ahora

Lejos de ser solo un concepto, Docs like Code es también una realidad para empresas de software tan importantes como Microsoft, Amazon o Twitter. En Mayo de 2016 Jeff Sandquist (@jeffsand) anunciaba la nueva plataforma documental de Microsoft docs.microsoft.com con las siguientes palabras:

Toda la documentación está diseñada para permitir contribuciones de la comunidad. Cada artículo incorporar un botón de edición que te dirige al fichero fuente de Markdown en GitHub, donde puedes crear un pull request para reportar un error o mejorar el contenido.

Una buena parte de la documentación del fabricante reside ya en esta nueva plataforma documental, en una clara apuesta por el uso de sistemas abiertos. Otras empresas como Amazon han seguido esta tendencia y hoy es posible ver el botón Editar en GitHub en muchos de los artículos destinados a desarrolladores.


El especialista en documentación y redactor técnico Tom Johnson (@tomjohnson) escribía en un artículo del blog I’d Rather Be Writing, en un comentario dirigido a la raíz del problema del uso de gestores de contenido:

No más cajas negras para gestionar tu contenido. No más sistemas caros y propietarios que mantener. No más formatos-de-salida-imposibles-de-ajustar. Puedes integrarlo todo de manera simple, fácil y barata.

La enorme influencia que estas empresas tienen en el mundo del software propiciará, más tarde o más temprano, la adopción de modelos documentales abiertos tipo bazar en detrimento de modelos rígidos tipo catedral. Si el desarrollo más efectivo y ágil del software es el resultado de un proceso colaborativo de integración y publicación continua, el proyecto documental tiene necesariamente que adaptarse a esta nueva realidad.


Céntrate (o cómo sobrevivir en un mundo de distracción)

Vivimos expuestos a un asalto constante de estímulos y notificaciones que, minuto a minuto, se apoderan de nuestra atención. Esta atención, necesaria para avanzar en nuestra carrera y en nuestra vida, se ha convertido en un bien escaso. Recuperar el terreno perdido no es una tarea fácil.

Respira


Observa tu respiración. Obsérvala por un instante. La mayoría de nosotros, al trabajar con la pantalla de nuestro ordenador o teléfono móvil, retenemos inconscientemente la respiración en un acto que la escritora Linda Stone bautizó como apnea del correo electrónico (originalmente, email apnea). Este hecho, aparentemente inocuo y que repetimos cientos de veces a lo largo del día, no pasa inadvertido para nuestro organismo. En su artículo Just Breathe: Building the case for Email Apnea (Solo respira: Argumentos acerca de la apnea del correo electrónico) publicado en Agosto del 2008, Stone describe en detalle algunas de las consecuencias que a largo plazo puede tener este comportamiento sobre nuestra salud. No resulta extraño que una de estas consecuencias sea el estrés y las enfermedades derivadas del mismo.


Dejando de lado el factor puramente biológico, la respiración juega un papel determinante en nuestra capacidad de atención y concentración. Las técnicas de mindfulness y meditación se basan en gran medida en un reaprendizaje y control consciente de la respiración. Estas prácticas, cada vez más populares y demandadas, llegan a la sociedad occidental como herramientas para conseguir una vida más centrada en cada momento y más plena. No son necesarias grandes dotes de observación para darse cuenta de cómo las actividades de nuestro día a día nos sitúan justamente en el extremo opuesto.

La meditación ha dejado ya de tener el estigma de práctica mística que se le atribuía hace solo unos años. Los cursos de meditación y mindfulness se han popularizado y cada vez es mayor el número de personas que incorporan estas herramientas con normalidad en su vida. La aceptación y difusión de estos recursos ha sido notable en estos últimos años, algo que solo se puede explicar como la respuesta de nuestra sociedad a una creciente ansiedad y dispersión de nuestra atención.


Una respiración controlada y consciente, como la que se realiza durante la meditación, mejora nuestra capacidad de atención y fija el marco para un desarrollo cognitivo sano, como puede concluirse de los resultados de diferentes estudios y meta-estudios. En palabras de la propia Stone, “en el corazón de la atención deliberada se encuentra la respiración deliberada. Respiración, atención y emoción, son conmutativas”.

Atención y productividad

En una sociedad donde las interrupciones son casi constantes, la atención se ha convertido en un recurso escaso. Como explica el filósofo Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio (Edit. Herder, 2016), el exceso de estímulos, informaciones e impulsos “modifica radicalmente la estructura y economía de la atención”, y nos reduce a máquinas capaces de reaccionar a cualquier estímulo pero incapaces de reflexionar sobre sus propias acciones. Han señala además lo contradictorio de que esta fragmentación de nuestra capacidad de concentración se produzca precisamente en una época en la que “el aumento de la carga de trabajo requiere una particular técnica de administración del tiempo y la atención”.

Solo necesitamos echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de esta realidad. Contestamos a los correos electrónicos en el tren y el metro, interrumpimos cualquier tarea para revisar la última notificación de nuestros teléfonos móviles y pasamos frenéticamente de una reunión a otra -revisando más notificaciones por el camino- sin apenas tiempo para sacar conclusiones de aquello que hemos discutido. Este estado, que Han describe como “pura agitación que no genera nada nuevo, [solo] reproduce y acelera lo ya existente” es aceptado hoy como símbolo de productividad. Asumimos que todo aquello que nos mantiene alerta y ocupados nos hace productivos, sin pararnos a pensar en cómo repercute toda esta actividad en nuestras vidas, y llegamos al absurdo de afirmar que la ansiedad y el estrés son beneficiosos porque nos mantiene alerta y nos hace máquinas de trabajar más eficaces.


En esta situación, no resulta extraño que aquellas tareas que requieren un esfuerzo mental ininterrumpido y durante varias horas queden relegadas siempre a un segundo lugar, justo porque en ese estado de agitación solo podemos reaccionar a la crisis del momento, al último correo electrónico o a la última notificación. Nos hemos acostumbrado a ver como un hecho normal perder dos terceras partes de nuestra jornada laboral en la bandeja de entrada. Ponemos todo el énfasis en tareas puramente mecánicas como reuniones, trabajo administrativo o almacenar y compartir información, convirtiéndonos así en el animal laborans -eficiente pero irreflexivo- que la filósofa Hannah Arendt describe en La condición humana (Edit. Paidós, 1993). La actual cultura del trabajo promueve y ejemplariza esta falsa productividad provocando que para muchas personas esta actividad febril sea la única forma de demostrar su valor en la empresa. La dispersión y la multitarea son ahora la norma, pero ¿a qué coste? El estrés es solo uno de los subproductos que trae consigo la sociedad del animal laborans. La desilusión, la insatisfacción, el miedo al fracaso y en último término, la depresión, son también consecuencias naturales.

Hemos dejado de lado la reflexión necesaria para el desarrollo de nuestras capacidades y el verdadero progreso en nuestra vida y nuestra profesión. Mindfulness significa conciencia plena, y supone un estado mental en el que nuestra voluntad está dedicada enteramente a una actividad y no se ve interrumpida por ninguna otra cosa. Y es solo en este estado de atención donde la productividad bien entendida se manifiesta.

Trabajo profundo

Para el profesor Carl Newport, autor de varios libros sobre técnicas de estudio y productividad personal, el salto de una actividad profesional mediocre a una sobresaliente solo puede venir dado por la dedicación consciente y focalizada de nuestro tiempo. Esta dedicación, a la que el autor llama trabajo profundo (originalmente en inglés, deep work) require una gran fuerza de voluntad y un elevado esfuerzo. El trabajo profundo no es divertido, pero es la única forma de obtener avances verdaderos en aquello a lo que nos dedicamos. Como explica el propio autor en su libro Deep Work (Piatkus Pub., 2016), “si no has dominado esta habilidad fundamental [del trabajo profundo] tendrás dificultades para aprender cosas complejas o producir a un nivel superior” (2016, p.32) .Las afirmaciones de Newport nos llevan inevitablemente a un reflexión y un replanteamiento de nuestra forma actual de trabajar o estudiar.

Esta reflexión está en consonancia con lo apuntado por Geoff Colvin en Talent is overrated (El talento está sobrevalorado. Portfolio-Penguin Pub., 2008). En el estudio The role of deliberate practice in the acquisition of expert performance (El papel de la práctica deliberada en la adquisición de un rendimiento de élite. KA Ericsson, RT Krampe, C Tesch-Römer. Psychological review 100 (3), 363) llevado a cabo con varios violinistas de un prestigioso conservatorio alemán y ampliamente comentado por Colvin en su libro, se pone de relieve que el factor decisivo para diferenciar a los buenos violinistas de los mejores no es tanto las horas de práctica como las horas de lo que los autores del estudio llaman práctica deliberada. Se entendiende por deliberada aquella práctica repetida en el tiempo, que supone un elevado esfuerzo intelectual y que requiere de toda nuestra capacidad de atención. En definitiva, alcanzar las metas deseadas en cualquier actividad no pasa solo por dedicar más tiempo a esa actividad sino también por dedicar un tiempo de mayor calidad. Se rompe así con la afirmación -basada precisamente en el mismo estudio de Ericsson, Krampe y Tesch-Römer- del escritor Malcolm Gladwell en Fuera de serie (Ed. Taurus, 2009 y publicado originalmente en inglés como Outliers), donde se afirma que para sobresalir en una actividad son necesarias al menos 10.000 horas de dedicación. La excelencia en cualquier campo no está determinada tanto por la cantidad, como por la calidad de nuestro tiempo.

Lo cierto es que existe una relación entre la atención, la calidad del tiempo de trabajo y nuestra motivación. Poner toda nuestra atención en aquellas actividades que consideramos importantes en nuestra vida o en nuestra profesión se traduce en un tiempo de mayor calidad (trabajo profundo). Este tiempo es precisamente el que nos permite progresar cualitativamente en estas actividades y a su vez nos motiva para seguir realizándolas. Como apunta Newport, conseguir la concentración necesaria para un tiempo de calidad  nunca ha sido sencillo, pero las empresas de medios y redes sociales han hecho nuestra labor mucho más difícil. El bombardeo constante de noticias y notificaciones resulta demasiado atractivo y el temor a “perderse algo” demasiado angustioso. Saber reconocer estas situaciones y actuar contra ellas es fundamental.

Consejos para una vida más centrada

Internet y las mejoras en inteligencia artificial y robótica han hecho obsoletos muchos tipos de trabajo tradicional. Pero la realidad es que una gran mayoría de los trabajos que realizamos hoy en día no pueden ser reemplazados por máquinas o por un software. Y no pueden serlo fundamentalmente porque el valor que aportamos como individuos se realiza en un nivel cognitivo que no puede ser programado en un software. En un mundo laboral contradictorio, donde las empresas buscan la uniformidad del individuo a la vez que reclaman innovación, el trabajo deliberado y profundo en nuestra actividad profesional puede convertirse en el factor diferenciador. Este trabajo no es divertido, pero como apunta Colvin “tiene que ser así. Si las actividades que llevan a la excelencia fueran fáciles y divertidas entonces todo el mundo las haría y no se distinguiría a los mejores del resto”. Pero, ¿qué estrategias podemos poner en marcha que nos permitan avanzar verdaderamente en nuestra profesión?

Organiza tu tiempo

Enfocar nuestra vida en aquello que de verdad importa y evitar las distracciones requiere una planificación. Diariamente debemos luchar contra todas aquellas cosas que reclaman nuestra atención: redes sociales, notificaciones, televisión, videojuegos, etc. Nuestra mejor arma en esta lucha es nuestra voluntad y nuestro calendario. Si de forma rutinaria bloqueamos horas en nuestra agenda para reunirnos con otras personas, ¿por qué no bloquear tiempo para reunirnos con nosotros mismos? Si necesitas tiempo para pensar en esa importante presentación, en ese nuevo plan de márketing o en la solución para el problema que lleva meses persiguiéndote, bloquea el tiempo necesario en tu calendario para estas tareas. Bloquea ese tiempo y comprométete a cumplirlo de la misma forma que lo harías en una reunión con otra persona.

Una objeción común para no llevar a cabo esta práctica es que las actividades del día a día no permiten bloquear el periodo de tiempo enfocado e ininterrumpido necesario. Resulta paradójico, sin embargo, que en esa escasez de tiempo, sí hemos sabido encontrar el hueco para dedicar varias horas a las pantallas de nuestro teléfono móvil o televisor en una distracción que mucha veces resulta vacía.

Reduce la ingesta de información

En su libro The information diet (La dieta informativa. O'Reilly Media, 2012), Clay A. Johnson compara la información que recibimos y consumimos actualmente con la comida basura. Esta información no está hecha para hacernos conscientes de la realidad del mundo a nuestro alrededor sino que, de forma análoga a la hamburguesa de las cadenas de comida rápida, es fabricada por los grandes medios de comunicación para ser de apetitosa, de rápido consumo y -sobre todo- adictiva.



El consumo constante de información convenientemente procesada no solo distorsiona nuestra capacidad de concentración, también reduce nuestra tolerancia a medios que requieren un mayor esfuerzo intelectual. El propio Johnson relata así este hecho en su libro: “hace algunos años, me encontré completamente incapaz de leer más allá de mil palabras. No había manera de que pudiera leer un artículo extenso o un libro. El concepto de leer de un libro, mucho menos escribir uno, era completamente ajeno a mí”.

Optar por una dieta informativa supone, ante todo, cambiar la relación que mantenemos con nuestro teléfono móvil. Acciones tan sencillas como eliminar aplicaciones, borrar nuestra presencia en redes sociales, o sustituir algunas horas de televisión y YouTube por un libro favorecen nuestra capacidad de atención a largo plazo y disminuyen progresivamente nuestra dependencia del teléfono móvil. Especialmente en lo referente a redes sociales, resulta inquietante cómo en apenas unos pocos años estos servicios se han adueñado por completo de nuestros días. Pensemos por un momento si la forma en la que empleamos nuestro tiempo es la que queremos y la que nos hace sentir bien.

Medita

Afortunadamente, practicar la meditación ya no es visto como algo esotérico y está cada vez más normalizado. La meditación proporciona, entre otros muchos beneficios que están ampliamente documentados, un aprendizaje de técnicas respiratorias y una mejora de la capacidad de concentración que son claves para la ejecución del trabajo profundo.

Aprender a meditar es, además, sencillo y no requiere de ningún equipo, instalación o material especial aparte de nuestra voluntad para llevarlo a cabo. Aunque existen muchas aplicaciones para iniciarse en el mundo de la meditación y el mindfulness, mi recomendación es no utilizar estas aplicaciones como punto de partida. Existen multitud de centros que imparten cursos y organizan monográficos sobre estas técnicas donde encontraremos un asesoramiento adecuado. Iniciarnos en estas prácticas con otras personas nos permitirá también compartir experiencias y ver con mayor normalidad estas actividades.

Practica el trabajo profundo

El trabajo administrativo al que nos enfrentamos hoy en día no parece tener fin. Podríamos estar trabajando durante días sin agotar todas las tareas administrativas que se nos demandan. Pero es justamente este trabajo administrativo el que nos impide desarrollarnos en nuestra profesión. Como apunta Newport, la única escapatoria que tenemos los trabajadores es la de ser conscientemente irresponsables: decir no a ciertas reuniones, no a ciertas actividades y no a ciertos correos electrónicos. En definitiva, convertir el trabajo profundo en la prioridad y no en algo que nunca llegamos a realizar por falta de tiempo.

Bloquea periodos de tiempo ininterrumpidos de 2-3 horas en la tu agenda para pensar y profundizar en aquellos temas que resultan importantes en tu profesión -o en tu vida. Comprométete a emplear este tiempo enteramente en la actividad en cuestión, dejando de lado cualquier posible distracción. Y si la cultura de la empresa o el puesto de trabajo no nos permite realizar las acciones que nos hacen avanzar profesionalmente, es quizás el momento de plantearse si estamos en el mejor sitio para desarrollar nuestra carrera.

Apple frente al Diseño Material

La ausencia de una propuesta coherente en el diseño de sus interfaces debe hacer reflexionar a Apple. Si la compañía aspira a que su software siga jugando un papel clave en la compra de sus dispositivos, tiene que hacer de la usabilidad de sus sistemas operativos y aplicaciones una prioridad.

La forma sigue a la función

MacOS, el sistema operativo originario de los ordenadores Macintosh, puso en escena ideas revolucionarias en un mundo dominado por la monotonía de los PCs y las pantallas monocromas. Años después, Apple volvería a marcar el pulso de la telefonía móvil con el lanzamiento del iPhone y el sistema operativo iOS. Movida por la necesidad de potenciar la venta de sus primeros modelos de iPhone -antes de que este dispositivo se convirtiera en un objeto omnipresente-, la compañía impulsó el desarrollo de aplicaciones e interfaces móviles, aportando soluciones a los problemas derivados de mostrar información en un espacio reducido. Este impulso innovador en el diseño de software parece hoy agotado.

Son varios los factores que permiten llegar a esta conclusión, pero el ejemplo más notable de este agotamiento es, sin duda, su servicio de música en línea Apple Music con su aplicación para dispositivos móviles del mismo nombre y las versiones más recientes de iTunes. Desde su aparición el pasado año, Apple Music ha sido ampliamente criticado en foros de usuarios y publicaciones especializadas por incorporar un diseño confuso y una usabilidad mediocre. Este hecho resulta especialmente llamativo en una compañía para la que la experiencia de usuario ha sido siempre una prioridad, y lo es aún más cuando hablamos de aplicaciones que son clave en la venta de servicios en línea.

A este factor hay que añadir lo que parece una pérdida de rumbo en el diseño de sus aplicaciones para móviles. Mientras que aplicaciones como Calendario mantienen su aspecto original, el rediseño de nuevas aplicaciones como Notas insiste en ideas pasadas como el skeumorfismo (dotar a las aplicaciones con la apariencia de objetos físicos, en este caso, la apariencia de papel), pero las combina torpemente con otras dando lugar a un resultado desigual. Fijémonos, por ejemplo, en el botón añadir (+). No es ya solo que los botones tengan aspectos y ubicación diferentes, sino que además la función que cumplen es distinta: añadir un nuevo evento al calendario en un caso y añadir un acción a una nota en el otro, y no una nueva nota como cabría de esperar. Estos ejemplos no son casos aislados. El ecosistema de aplicaciones en iOS es como un museo con obras de arte de gran belleza, pero donde los cuadros de arte abstracto se mezclan con los de arte barroco y resulta difícil entender el recorrido por las salas.

Apple parece haber renunciado a sus principios de usabilidad en favor del diseños efectistas que cumplen con la forma, pero no con la función. Sus interfaces, con fotografías muy cuidadas, un uso prominente de los espacios vacíos y tipografías de gran tamaño, no tienen una traducción clara en términos de usabilidad. Microsoft nos demostró con Metro que un diseño de interfaces atractivo es insuficiente si no se apoya en principios de uso claramente definidos. Metro, la iniciativa de diseño que hizo su aparición en el escritorio de Windows 8 y Windows Phone, introducía elementos novedosos en la interfaz de usuario a los que Microsoft no supo dotar de una identidad clara, y que prácticamente han desaparecido en las versiones más recientes de sus sistemas operativos.

El Diseño Material

En la creación de experiencias de usuario simples y atractivas Apple parecía ser la única respuesta, pero los esfuerzos realizados por Google durante los últimos dos años pueden cambiar esta tendencia. En el año 2014, durante su conferencia de desarrolladores Google I/O, Google presentó su iniciativa de diseño de interfaces Diseño Material (originalmente en inglés, Material Design). El objetivo de esta propuesta se describe así:

Crear un lenguaje visual que sintetiza los principios clásicos del buen diseño con la innovación y las posibilidades de la tecnología y la ciencia.

Esta iniciativa no es rupturista. No propone nuevos modelos sino que, basándose en conceptos asentados en el campo del diseño, establece unas líneas bien definidas para el desarrollo de una experiencia de usuario unificada, sin importar el tipo de aplicación o dispositivo. Como se ha señalado, esta propuesta no es necesariamente mejor, pero es bien cierto que el esfuerzo realizado por Google para promover el uso de sus principios materiales es enorme cuando lo comparamos con el de sus competidores. Artículos, guías de estilo, tutoriales y vídeos sobre Diseño Material inundan la red. Las charlas acerca de este tema cuentan con su propio espacio en la conferencia anual de desarrolladores de Google, y la página web donde se detallan los aspectos de esta iniciativa es rica en detalles y ejemplos de implementación. Esta abundancia de información contrasta con lo limitado de la guía de estilo de Apple para el desarrollo de interfaces en iOS.

La propuesta de Google pretende llegar a cada rincón del ecosistema Android, con la incorporación de un número creciente de aplicaciones móviles. Cada vez son más los desarrolladores que hacen uso de elementos característicos del Diseño Material como el panel deslizante, las tarjetas o el botón de acción superpuesto. Estos elementos no son arrojados al azar a la interfaz, muy al contrario, su ubicación, aspecto y comportamiento se basan en reglas bien establecidas. Las aplicaciones mejoran porque, como señala Meng To, cuando las reglas de estilo son estrictas es difícil salirse de ellas y hacerlo mal. Las aplicaciones muestran mayor coherencia sencillamente porque, al contrario de lo que ocurre con iOS, el desarrollador cuenta con más herramientas y mejor información.

Lo Material como estándar

Lejos de ser algo reducido al entorno del sistema operativo Android, los principios materiales se hacen también un hueco en las aplicaciones para iPhone y iPad. Google publica incluso guías para a aquellos desarrolladores que quieren trasladar sus aplicaciones entre uno y otro entorno manteniendo las señas de identidad de cada uno. En contra de lo que algunos analistas han criticado, Google no pretende imponer su estándar de Diseño Material en iOS, sino crear uno donde actualmente no existe.

En un momento en el que las aplicaciones de nuestros móviles incorporan cada vez más funcionalidades, la necesidad de un estándar es crucial. Para hacernos una idea de esta creciente complejidad, pensemos en la integración de Google Maps con Uber y servicios de Taxi o las inclusión de asistentes personales en servicios de mensajería como Facebook Messenger o Google Allo. Si bien es cierto que establecer un estándar en el diseño y usabilidad puede hacer las aplicaciones móviles más parecidas entre sí, esto no tiene por qué ser necesariamente aburrido. Tal y como apunta Michael Horton en su artículo de Wired, todas las aplicaciones comienzan a parecer la misma, pero esto no es algo malo si con ello se consigue simplificar la experiencia del usuario.

Pero el interés de Google en extender su iniciativa no finaliza en el móvil. Con la presentación de su proyecto Polymer, los principios materiales se trasladan a las aplicaciones web, permitiendo que los desarrolladores se centren en el creación de servicios y no de interfaces. De nuevo, este hecho contrasta con la ausencia de Apple en lo que a desarrollo web se refiere. Las aspiraciones por parte de esta compañía de hacer de la venta de servicios en la nube un eje de su negocio chocan con un aspecto pobre y excesivamente simplistas de aplicaciones web como iCloud Drive, Photos o las versión en línea de Pages, Numbers y Keynote.

Apple Watch y watchOS

La falta de unas directrices claras de diseño y usabilidad por parte de Apple están originando una fragmentación en iOS muy similar a la que existe todavía en el ecosistema Android. Cada desarrollador parece buscar la forma más original de interactuar con su aplicación, muchas veces en contra de lo que tiene sentido. Es precisamente esta disparidad de criterios la que ha minado durante años la evolución de Android, y a la que Google pretende hacer frente con su iniciativa material. Esta situación, unida a una presencia aún tímida de Apple en servicios web, puede hacer peligrar el atractivo que los dispositivos de la marca tienen para el consumidor. No podemos olvidar que Apple es fundamentalmente una compañía de hardware, y que su objetivo -como ha declarado su director ejecutivo Tim Cook en varias ocasiones- es el de usar el software como elemento conductor a la compra de dispositivos.

Pero no toda la esperanza está perdida. El sitio web para el diseño de interfaces con Apple Watch y watchOS -el sistema operativo que da vida al reloj inteligente de la compañía- muestra un notable esfuerzo por encontrar una forma coherente y eficaz de interactuar con este dispositivo. Quizás Apple, que en las últimas versiones de su sistema operativo de escritorio ha incorporado elementos propios del iPhone -Siri, como ejemplo más destacable-, pueda seguir el mismo principio con su reloj inteligente, utilizando watchOS como base para una renovación de su software móvil.

No estamos hablando aquí de implementar las soluciones adoptadas en un dispositivo de 3 pulgadas a una pantalla de un móvil o un ordenador, sino de adaptar y ampliar aquello que funciona a otros dispositivos, dotando a todo el ecosistema Apple de una identidad y uso común. Los cambios anunciados en su pasada conferencia mundial de desarrolladores parecen indicar una apuesta por trasladar elementos de usabilidad incorporados inicialmente en watchOS a iOS. El cambio en el centro de notificación, con alertas enriquecidas y el uso de tarjetas deslizantes en el centro de control, se asemejan notablemente al funcionamiento del reloj inteligente.


Pero esto no es suficiente. Apple debe definir con más y mejor información sus principios de diseño y usabilidad, poner en relieve la importancia de seguir estos principios y dotar a los desarrolladores de más herramientas. Es necesario además apoyar aquellas aplicaciones que hacen buen uso de estas normas (por ejemplo, dándoles un lugar relevante en su tienda de aplicaciones App Store) y ayudar económicamente a los desarrolladores más pequeños (por ejemplo, reduciendo las tarifas de acceso y comisiones de su Store), que no cuentan con la posibilidad de invertir en diseño y usabilidad.

(este artículo fue publicado originalmente en LinkedIn el 28 de Agosto de 2016)

La nueva herramienta documental de StackOverflow convierte el ejemplo en protagonista

Documentation, la nueva herramienta documental de StackOverflow, busca extender el mecanismo de preguntas y respuestas que popularizó el sitio web al terreno de la redacción técnica. Esta fórmula, de por sí innovadora, resulta aún más atractiva al convertir los ejemplos en protagonistas de cada artículo, relegando a un segundo plano el desarrollo teórico de cada concepto.

Preguntas, respuestas… y documentos

StackOverflow presentó esta semana Documentation, definida en el propio blog del sitio web como el mayor cambio de la plataforma desde su lanzamiento. StackOverflow fue fundado en el año 2008 para expandir el conocimiento de los desarrolladores, independientemente de cuál fuese su lenguaje de programación. Este sitio web adquirió notoriedad rápidamente gracias a un sistema de preguntas y respuestas por el que las respuestas más útiles son votadas por la comunidad, consiguiendo que destaquen sobre aquellas menos útiles. A este sistema de clasificación por votos, se añade además un componente de ludificación basado en puntos de reputación que se otorgan a los usuarios más activos y con mayor número de votos positivos. Desde su fundación, millones de desarrolladores -y no desarrolladores- se han beneficiado de esta plataforma para resolver sus dudas.


Este mecanismo de preguntas y respuestas ha mejorado progresivamente, convirtiéndose en el modelo de referencia para muchos otros sitios web. Pero este planteamiento tiene también sus limitaciones. Una de ellas es que las preguntas tienden a ser muy específicas, o relativas a problemas de programación muy concretos, dejando de lado cuestiones de carácter más general, que son sobre todo comunes entre los principiantes. De hecho, muchas preguntas son rápidamente moderadas -descartadas- por ser demasiado genéricas. La nueva herramienta de documentación busca poner fin a esta limitación, sirviendo de base para tratar un contenido de carácter más académico y, por definición, con un alcance más extenso.

Documentation da cabida a una gran cantidad de buen contenido que ha sido rechazado, o que es difícil de “hacer bien” en el formato de preguntas y respuestas. A saber, la referencia aceptada, general, el contenido didáctico.

Mostrar mejor que contar

Pero, ¿qué hace del planteamiento de StackOverflow algo novedoso cuando se compara con otras plataformas documentales? Desde un punto de vista puramente formal, Documentation podría pasar por otra wiki en la que el contenido se desarrolla con la participación conjunta de diferentes personas. Lejos de ser así, la fórmula de StackOverflow es radicalmente diferenciadora.

Por un lado, el modelo de preguntas y respuestas se traslada ahora al terreno de la documentación técnica, de manera que los artículos con más votos positivos prevalecen sobre los menos votados. En la práctica, esto se traduce en que los artículos y ejemplos más útiles destacan sobre el resto y pasan a convertirse así en comúnmente aceptados. De esta forma, la autoridad del redactor técnico sobre un tema queda relegada a la suma de decisiones de la comunidad, que es finalmente quién evalúa qué contenido es útil y cuál no lo es. Este modelo de desarrollo no es tanto una colaboración de diferentes partes -como sucede con una wiki-, sino la competencia de esas partes, a través del sistema de votos, por proporcionar el mejor contenido.

Juntos, creemos que podemos hacer lo mismo para la documentación técnica que lo que hicimos para las preguntas y respuestas

Por otro lado, situar el ejemplo como elementos principal del artículo supone romper con el modelo clásico de documentación técnica, donde estos ejemplos quedan subordinados al desarrollo teórico de cada concepto. Los ejemplos dejan de ser así meros elementos de apoyo. Se enfatiza además la necesidad de que cada artículo de Documentation contenga varios ejemplos, y que estos, de la misma forma que se hace con el formato de preguntas y respuestas, puedan ser votados.


Este tratamiento de los ejemplos es innovador, pero al mismo tiempo lógico en lo que a documentación técnica se refiere. En la mayoría de las ocasiones, un ejemplo ilustra mucho mejor cómo usar una funcionalidad del código que una exposición teórica sobre esa funcionalidad. Sin embargo, es dudoso que este planteamiento sea también el más adecuado en documentación técnica no destinada a desarrolladores, donde las explicaciones son esenciales para que el usuario entienda las tareas que ha de completar.

A esta iniciativa se unen ya otros desarrolladores como Microsoft, que participarán aportando y revisando el contenido, y usando ese contenido para ampliar su propia documentación. La propuesta de StackOverflow está en sintonía con los cambios anunciados recientemente por Microsoft, con una clara tendencia a situar los ejemplos y tutoriales como ejes de la documentación técnica.

Iniciativas como la llevada a cabo por StackOverflow, de alguna forma, ponen también en cuestión el extenso sector editorial de los libros de aprendizaje para programadores. De igual forma que el modelo libre y colaborativo de Wikipedia puso fin a las tradicionales enciclopedias, el desarrollo de un modelo de documentación libre y colaborativo, puede también suponer el final de una buena parte de este sector. Si el punto de partida para aprender un lenguaje de programación hace tan solo unos años pasaba por la la compra de uno o más libros, la tendencia hoy parece inclinarse por aprender a través del conocimiento compartido por otros, y el uso extensivo de tutoriales (ejemplos, al fin y al cabo) como base del aprendizaje.

Documentation, aún en fase beta, incluye ya una gran cantidad de artículos [link:http://stackoverflow.com/documentation] tan solo unos días después de su lanzamiento, lo que demuestra el enorme interés de la comunidad de desarrolladores por participar de esta idea y compartir su conocimiento más allá del modelo de preguntas y respuestas.

(este artículo fue publicado originalmente en LinkedIn el 24 de Julio de 2016)

¿Son los bots el futuro de la documentación?

Una nueva generación de asistentes virtuales pretende revolucionar la manera en la que nos relacionamos con nuestros dispositivos y usamos las aplicaciones de cada día. ¿Serán también estos asistentes el futuro de los manuales de usuario? ¿Podrán algún día ayudarnos a utilizar programas y completar tareas complejas?

Clipo, el asistente virtual que Microsoft incorporó en Office 97 para eliminarlo solo unos años después, ha pasado a la historia como una de las peores ideas en software y usabilidad. Clipo -o Clippy, como se le conocía en inglés- fue un intento fallido de dar solución a dos problemas que, a día de hoy, se mantienen: el software es cada vez más complejo y los usuarios, independientemente de su nivel de conocimientos técnicos, no suelen acudir a la documentación para resolver sus dudas.

Son varios los factores que contribuyeron al fracaso de Clipo, pero uno de ellos fue, sin duda, que el conjunto de respuestas ofrecidas por el asistente era muy limitado. Clipo se empeñaba en ayudarnos a escribir cartas fuese cual fuese nuestra intención delante del ordenador, y se recreaba en explicarnos las listas numeradas una y otra vez. Clipo se presentaba como un asistente inteligente en una década en la que la inteligencia artificial era aún más ficción que ciencia. El rechazo masivo de los usuarios de Office, y la generalización de internet y los foros de ayuda de usuarios, acabaron con el malogrado clip.

El texto es la interfaz

En los años 90, animados por el crecimiento tecnológico y la expansión de las redes de conexión digital, los operadores de telefonía nos mostraban un futuro no muy lejano en el que las videollamadas con familiares y amigos estarían a la orden del día. Hablar por teléfono o enviar mensajes de texto SMS parecía sólo un peaje necesario hacia una era de comunicación más moderna y visual.

Pero como ocurre con tantas otras predicciones, que imaginan el futuro como un desarrollo lineal de la tecnología sin considerar otros factores, la realidad ha resultado bien distinta. La mensajería -el texto- y no el vídeo -la imagen- está siendo el eje transformador de la comunicación. El crecimiento de la mensajería instantánea pilló con el paso cambiado a los grandes operadores de telefonía, que siempre consideraron a los SMS como el hermano pobre de las comunicaciones y no supieron reaccionar a tiempo a la explosión de aplicaciones como WhatsApp.

Hay varias razones que justifican hoy este hecho -en defensa de las operadoras, casi todas difíciles de predecir hace solo unos años-, como la omnipresencia de las comunicaciones móviles, que hacen de la conversación en texto un medio mucho más adecuado y fluido que la imagen. O como la conveniencia del texto en países donde un desarrollo precario de las redes de datos no deja muchas más opciones.

Esta época dorada de la mensajería instantánea viene acompañada de un resurgir en el campo de la inteligencia artificial, con nuevos servicios que integran lo mejor de cada área. Y es que la evolución en la mensajería instantánea no afecta solo a las comunicaciones interpersonales, sino también a nuestra comunicación con las máquinas. La robótica ha visto grandes avances en las últimas décadas, pero no ha conseguido crear robots con los que comunicarse sea creíble. La mensajería instantánea, al reducir la interfaz de nuestro interlocutor a simple texto, permite una comunicación sujeto-máquina mucho más natural. Este hecho viene explicado por la Teoría de la Respuesta Social, en la que el desarrollo de interfaces con características humanas nos hace considerar a las máquinas como otro actor social más. Esta teoría cobra ahora más relevancia que nunca.

La era de los bots

Una de las grandes novedades anunciadas por Facebook en su conferencia de desarrolladores F8 del pasado mes de Abril, fue la aparición de asistentes en su servicio de mensajería instantánea Messenger. Estos asistentes funcionan como pequeñas aplicaciones dentro del propio programa que nos permiten completar ciertas tareas, como reservar una mesa en un restaurante, comprar ropa o elegir el ramo de flores más adecuado para ese ser querido. En el futuro, más y más empresas añadirán estos asistentes virtuales o bots (como se les ha dado en bautizar) a Facebook Messenger.

Tampoco resulta extraño que Google anunciara hace solo unos días Allo, un nuevo servicio de mensajería inteligente en el que los usuarios podrían hacer preguntas y resolver distintas cuestiones, o ser asistidos por el programa en diferentes tareas. La coincidencia de intereses de estos dos grandes de internet por la mensajería instantánea y la inteligencia artificial no es anecdótica.

Como han señalado ya varios medios, el propósito de empresas como Facebook y Google con estos productos está claramente ligado -como no podía ser de otro modo- a sus intereses comerciales. El objetivo es proporcionar a los consumidores toda una variedad de servicios dentro de una misma aplicación -la suya-, evitando que tengan que abandonarla para completar una tarea, y manteniéndolos así el mayor tiempo posible dentro en la aplicación. En otras palabras, obtener más información acerca de los gustos del consumidor y exponerlo a publicidad durante más tiempo.

Pero, en definitiva, ¿qué son estos bots? Bot, al igual que cloud, es un concepto abstracto que nos ayuda a entender mejor las cosas. En esencia, un bot es un motor de lenguaje natural conectado a un programa de inteligencia artificial capaz de procesar nuestras palabras y aprender nuestros hábitos. Este elemento obtiene respuestas mediante la comunicación con otras redes y aplicaciones. Las APIs -componentes de software especializados- son la base de esta comunicación.


Estas iniciativas se apoyan en avances cada vez más significativos en inteligencia artificial. No es anecdótico que Lee Se-dol, considerado como uno de los mejores jugadores de Go de todos los tiempos, fuera derrotado el pasado mes de Marzo por el programa de inteligencia artificial DeepMind desarrollado por Google. Ser maestro de Go, un juego de tablero milenario con una complejidad superior al ajedrez, no solo requiere años de estudio y práctica, sino una buena dosis de intuición. La derrota del coreano marca un precedente en un juego de estrategia considerado hasta no hace mucho sólo apto para humanos.

El contenido es el formato

En contra de lo que comúnmente se piensa, la documentación de software no es un mundo estático e impermeable a los avances tecnológicos. Con el paso del tiempo, los manuales físicos que acompañaban a los programas se convirtieron en libros electrónicos, con contenido poco o nada enlazado y funcionalidades de búsqueda sencillas. Estos dieron paso a su vez a la documentación más común hoy en día, basada en plataformas web con contenido enlazado y capacidades de búsqueda más potentes.

A la vista de los avances en inteligencia artificial y de una presencia creciente de la mensajería instantánea en nuestras vidas cabe preguntarse, ¿son los bots el futuro de la documentación técnica?, ¿buscarán los usuarios del mañana un Clipo más inteligente, capaz no solo de responder a un conjunto de preguntas preestablecidas sino un amplio abanico de cuestiones? Y si es así, ¿cuál será el aspecto de esta documentación el día de mañana?

La aparición de bots documentales permitiría a los usuarios resolver sus consultas mientras completan una tarea, sin necesidad de saber a qué manual acudir o qué artículo de ayuda consultar. La ayuda en pantalla que incorporan algunas aplicaciones nos permite ya acceder a preguntas frecuentes sobre la tarea que realizamos, y suponen un primer paso en esta dirección. Si la tendencia parece ser la integración de interfaces de texto con mecanismos de inteligencia artificial cada vez más potentes, la documentación ha de saber aprovechar esta tendencia.


Pero para hacer de estos bots documentales una realidad deben darse tres circunstancias. En primer lugar, los escritores técnicos debemos desarrollar un contenido -aún- más estructurado, donde la semántica tenga un papel principal. Iniciativas como DITA pueden ser claves en este desarrollo. En segundo lugar, el contenido ha de estar ricamente enlazado, evitando bloques de información aislados. Lo importante es crear relaciones entre estos bloques de información, y no tanto estructurarlos con un criterio que será siempre arbitrario. Por último, los gestores de contenido deben abrirse a estos motores de inteligencia artificial, permitiendo el acceso a la información relevante, y eliminando así la necesidad de publicar el contenido en un formato determinado. En la era de los bots, el contenido es el formato.


(Este artículo fue originalmente publicado en LinkedIn el 27 de Mayo de 2016)