Forma y función del artículo técnico: el meta-artículo

En la última parte de esta serie de tres (ver entradas anteriores aquí y aquí) sobre el desarrollo del artículo técnico, se introduce el concepto de meta-artículo como elemento funcional básico de la información. El meta-artículo constituye la pieza de unión entre el artículo técnico (la forma) y la tarea del usuario (la función).

El manual de usuario “electrónico”

El paso del manual de usuario físico a la documentación web que hoy acompaña a muchos productos de software no ha estado libre de problemas. Con la popularización del ordenador personal, y años antes de la generalización de internet, los fabricantes de software comenzaron a sustituir las ediciones impresas de sus manuales por versiones electrónicas. Los ficheros de ayuda de Windows se generalizaron como la forma más efectiva y económica de hacer llegar al usuario la documentación de producto. Los primeros manuales electrónicos, con un contenido escasamente enlazado y motores de búsqueda limitados, se convertían muchas veces en una mera copia digital del manual en papel.


Estos manuales de ayuda electrónicos -a los que el comunicador técnico Mark Baker llamó acertadamente frankenbooks- incorporaban todas las limitaciones de un libro físico, pero sin aprovechar ninguna de las ventajas del nuevo medio electrónico. La tabla de contenidos -y no la búsqueda- continuaba siendo clave en el descubrimiento de información y cada entrada se fragmentaba frecuentemente en múltiples subentradas. El resultado era un manual de ayuda electrónico con tablas de contenido extensas, difíciles de manejar y donde abundaban apartados con poca información.

El salto final desde el manual electrónico hasta el manual web ha obligado a los redactores técnicos a replantear la manera de agrupar y enlazar el contenido. El cambio en los patrones de lectura y descubrimiento de la información que trajo consigo internet hacen que organizar la información en la web siguiendo el modelo de libro físico carezca de sentido. Si la tabla de contenidos había sido hasta entonces un elemento fundamental, las capacidades de búsqueda en la web junto con estos nuevos patrones de lectura (que discutimos ya en el primer artículo de esta serie) convertían a este elemento en secundario.

Escritura técnica orientada al artículo

Junto con la transformación del manual de ayuda físico en manual en formato web, uno de los avances más importantes en el desarrollo de documentación técnica ha sido el paso al modelo de documentación orientada a artículos. Si anteriormente el redactor técnico trataba al manual como un todo, la tendencia ahora es, claramente, organizar el contenido en torno a bloques discretos de información a los que llamamos artículos. La popularización de modelos de información como el propuesto por la especificación DITA han cimentado esta transformación.

A pesar de este avance, modelos como DITA siguen sin dar respuesta a cómo los artículos, entendiendo estos como bloques primarios de información, se relacionan entre sí de forma lógica para el lector. De hecho, en la teoría de la escritura orientada al artículo, la agrupación de artículos se desaconseja o se considera que va en detrimento de la capacidad de asimilar información por parte de lector (en una palabra, de su usabilidad). Tal como expone el comunicador técnico Tony Self en su artículo Desarrollo de información basada en artículo (originalmente en inglés, Topic-based Information Development):
Los cambios en los patrones de lectura y adquisición de información sugieren que los lectores ya no quieren leer en profundidad textos largos y lineales. En su lugar, la investigación sugiere que quieren leer de forma superficial, y leer sólo el mínimo que les permita realizar una tarea. Las estructuras de información basadas en artículos son más apropiadas para estos lectores impacientes.
Pero si, como definen estos modelos, cada artículo representa únicamente un tipo de información (tarea, referencia, concepto, etc.), ¿no corremos el riesgo de volver a aquellos manuales electrónicos del pasado, con múltiples entradas aisladas y difíciles de manejar? ¿No tendría más sentido agrupar funcionalmente aquellos artículos relacionados entre sí, incluso aunque pertenezcan a categorías distintas?

El hecho de que los patrones de lectura y adquisición de información hayan cambiado con la aparición de internet no está reñido con la creación de contenido de mayor longitud. Muy al contrario. De hecho, la extensión de un artículo, por sí sola, no debería ser un criterio válido para fragmentar el contenido. Muchas entradas de la Wikipedia incluyen artículos extensos, lo que como lectores no nos impide navegar por su contenido en busca de la información o dato necesarios. Sin duda, esta organización resulta mucho más útil que presentar la información en bloques discretos y discontinuos, obligando al lector a moverse de un nivel de contenido a otro, y rompiendo el patrón de lectura habitual.

Modelo A frente a modelo B

Los modelos de desarrollo de información basados en DITA, en un empeño por maximizar la capacidad de reutilizar el contenido (uno de los principales objetivos de la escritura orientada a artículos) son incapaces de dar respuesta al modo en que estos bloques se agrupan (tanto es así, que algunos autores no consideran DITA como un verdadero modelo de información).

El modelo A (ver imágen) ejemplifica el modelo propuesto por DITA. Bajo esta concepción, cada tipo de artículo se presenta como un elemento final y reutilizable de información. El modelo B, por el contrario, plantea que los distintos artículos se combinan en elementos de mayor entidad, a los que me he dado en llamar meta-artículos. Si el artículo supone el elemento constructor de la información, el meta-artículo constituye el elemento funcional.

El modelo A aconseja aislar las tareas de autoría de las de presentación. En palabras de Tony Self:
El formato y presentación son consideración posteriores a la autoría, y actividades posiblemente no realizadas por el autor técnico.
Pero, ¿es esto cierto? En mi opinión, este planteamiento ignora que la presentación del contenido (el cómo se relacionan entre sí los diferentes tipos de artículos) condiciona en gran medida el acceso a la información por parte del lector. El redactor puede y debe aislarse de elementos formales como el uso de fuentes, colores, espacios entre párrafos, etc., pero no puede ignorar la estructura final del artículo.

El decidir entre un modelo u otro dependerá de factores que, como redactores técnicos, deberemos sopesar para cada tipo de contenido y audiencia. Veamos dos casos para ilustrar esta idea. Pensemos por un momento en una aplicación ofimática como Microsoft Word. Las preguntas que un usuario de esta aplicación puede plantearse se resuelven normalmente con una breve explicación (añadir formato a una tabla, compartir un documento, insertar una ecuación, etc.). En estos casos, la información de contexto resulta innecesaria porque el objetivo del usuario es muy específico y el número de posibilidades muy reducido. Pero pensemos ahora en una caso más complejo, como puede ser la instalación y configuración de un servidor web. El técnico que se enfrenta a esta tarea requiere una información de contexto suficiente para entender aquello que va a llevar a cabo y evitar errores comunes. ¿Tiene sentido aquí separar la tarea en sí de la información de contexto? Separando ambas (por ejemplo, en dos artículos enlazados) perdemos la posibilidad no solo de atraer la atención del lector, sino también de facilitarle la información necesaria en el lugar donde se lleva a cabo su acción.

Usabilidad frente a reutilización

El problema se reduce, por tanto, a cómo presentar el contenido al usuario de una forma que sea coherente con su flujo de trabajo, y que a su vez permita reutilizar la información. DITA no cierra la posibilidad de agrupar diferente artículos, pero advierte contra los peligros de hacerlo, como podemos leer en la propia especificación de DITA 1.2:
Los artículos pueden definirse dentro de otros artículos. Sin embargo, la unión requiere un cuidado especial porque puede dar lugar a documentos complejos que son menos utilizables [en el sentido de usabilidad] y reutilizables.
Como enfatiza Mark Baker, el problema es que DITA prioriza la posibilidad de reutilizar un contenido sobre la usabilidad del mismo. El argumento de que la agrupación de los artículos hace el documento menos usable no parece sostenerse. De hecho, si nos fijamos, la usabilidad de un documento (en otras palabras, la capacidad de ese documento de aportar la información relevante para la tarea del usuario) es contraria en muchos casos a las posibilidades de reusar el contenido. Pensemos en las imágenes o los vídeos. Aunque la tendencia es ahora la de incorporar cada vez más elementos gráficos en la documentación técnica, durante mucho tiempo este contenido fue relegado por los costes de producción asociados y su escasa reutilización. Pero, ¿es este un contenido usable? ¿Da soporte a la tarea en cuestión que el usuario realiza? Claramente, la respuesta es sí. Usabilidad y capacidad de reutilización son, en muchos casos, elementos contrapuestos.

El meta-artículo da respuesta a la necesidad de desarrollar documentación que sea a la vez usable y reutilizable, y comienza a estandarizarse como la forma más adecuada de hacer llegar la información técnica al usuario, especialmente en tareas complejas como las que se llevan a cabo en los departamentos de IT.