¿Es LinkedIn prescindible?

“Hay mucho talento fuera de LinkedIn”. Así resumía mi buen amigo José Manuel su experiencia con esta plataforma para profesionales en una conversación reciente. Esta afirmación no pasaría de un simple comentario si no fuera porque muchos -entre los que me incluyo- encontramos cada vez menos razones para participar en esta red.

Misión frente a realidad

LinkedIn, con más de 500 millones de usuarios, se define en su página Sobre nosotros como “la mayor red profesional del mundo”. Junto a esta afirmación, podemos leer:
Nuestra misión es sencilla: conectar a los profesionales del mundo para ayudarles a aumentar su productividad y rendimiento. Al unirte a LinkedIn obtienes acceso a personas, empleos, noticias, actualizaciones e información que te ayudará a destacar en tu campo profesional.
Pero basta un simple vistazo a esta plataforma para comprobar que la realidad dista mucho de esta noble misión. Y es que lejos de ser una red profesional, LinkedIn se ha convertido en una red social más. El problema fundamental es que en esa socialización LinkedIn está dejando de ser relevante para su masa de usuarios. Estas son solo algunas de las razones que ponen en evidencia la pérdida de valor del portal:

Las conexiones son irrelevantes. Las sugerencias de contactos se basan fundamentalmente en personas de nuestra propia empresa o de empresas en las que hemos trabajado anteriormente, pero resulta mucho más difícil encontrar contactos de nuestra profesión en otras empresas (algo sin duda mucho más interesante). Ocurre además que tras establecer una conexión de interés, rara vez se produce un intercambio de experiencias o ideas, precisamente porque la plataforma no ofrece ningún medio para ello. ¿El resultado? un simple engorde del número de conexiones sin ninguna utilidad real.

El sector tecnológico lo es todo. LinkedIn se ha posicionado claramente como una red para profesionales de IT. La explicación es sencilla si tenemos en cuenta el nuevo auge del sector tecnológico, con una demanda cada vez mayor de desarrolladores. Este factor se traduce en un número creciente de visitas (en otras palabras, impactos publicitarios) a contenidos y ofertas de este sector, relegando a un segundo plano al resto de contenidos.

Sin conexiones las publicaciones no tienen repercusión. LinkedIn da relevancia a los artículos y publicaciones de aquellas personas con mayor número de conexiones. Este hecho resulta obvio, pero tiene como consecuencia una pérdida del diferencial profesional de la red. La razón es que muchos usuarios buscan establecer conexiones con el único objetivo de incrementar el impacto de sus publicaciones, echando por tierra el valor profesional de estas conexiones, y de la plataforma en general.

El contenido de valor es casi inexistente. Si dejamos de lado las frases inspiradoras y célebres -repetidas hasta la saciedad-, los enlaces de autobombo, o las noticias que pueden encontrarse en cualquier otro sitio, los artículos jugosos o las actualizaciones que merecen la pena son casi inexistentes.

Instagramificación de la plataforma. En un intento por atraer un público más joven, LinkedIn ha introducido recientemente cambios que pretenden hacer más social su uso. El nuevo diseño, la aparición de las actualizaciones de estado, la incorporación de vídeo en directo o la ventana persistente de chat son muestras de ello. Pero es dudoso que LinkedIn consiga con esta estrategia atraer a un público más joven sin alienar su base existente de usuarios.


Titulitis y postureo. Estos son solo algunos de los títulos que podemos encontrar en esta red: Digital Transformer, Motivational Coach, Inno-Líder, Profesional 360°, Líder coach, Impulsor del bienestar integral, Über Tech Lead, etc.

Es difícil expresar la vergüenza ajena que provoca ver estos títulos en personas que -estoy seguro- son perfectamente válidas para realizar su trabajo, pero que no han dudado ni un instante en sumarse a la espiral de titulitis que inunda esta red. Lamentablemente, esta competición por el título más original esconde en no pocos casos la inseguridad de quien lo usa. Tampoco podemos pasar por alto el postureo de mostrar en el perfil un largo listado de grupos en los que jamás hemos hecho una aportación.

Me ahorro aquí muchas otras razones por las que pienso que el beneficio que se obtiene de LinkedIn es muy cuestionable, como el valor nulo de los endorsements, o una configuración de las opciones de privacidad intencionadamente abierta y confusa que consigue justo lo contrario: la falta de privacidad.

Peligros

Pero si LinkedIn fuese solo eso, una red social más, no pasaría de un entretenimiento inocuo. Lejos de ser así, nuestra presencia (activa o pasiva) conlleva ciertos riesgos:

Privacidad. Exponemos una gran cantidad de información personal, sin que quede claro quién es el destinatario de esta información y qué uso se hace de ella. La sentencia resuelta recientemente por un tribunal de EE.UU. a favor de una empresa que comercia con nuestros datos en LinkedIn, pone en evidencia este peligro.

Sexismo. Las actitudes sexistas contra las mujeres dentro de la plataforma se están convirtiendo en habituales, y no son pocas las que reciben solicitudes de contacto con fines no profesionales. La orientación de este portal hacia el sector tecnológico (donde los hombres son una abundante mayoría) solo puede acrecentar este problema. Los últimos cambios en la red, con un giro evidente a lo social, no parecen ser la forma más adecuada de atajar un sexismo rampante.

Distracción. Las alertas sobre visitas a nuestro perfil, las actualizaciones de nuestra red de contactos y un largo etcétera de notificaciones, disminuyen nuestra capacidad de atención y concentración. Y lo que es peor, ponen en peligro nuestro propio desarrollo profesional. Como indica Carl Newport (autor de títulos como So good they can’t ignore you o Deep work) “el valor en la nueva Economía no está en nuestro número de seguidores o likes, sino en la capacidad para enfocarnos intensamente en nuestro trabajo y ofrecer un valor único”.

“¿Qué hacen los cazatalentos en LinkedIn?”

Una vez más, José Manuel daba en la diana con esta pregunta durante nuestra conversación. Y es que si el valor de la plataforma es dudoso para los candidatos, resulta aún más difícil entender qué hace un cazatalentos en LinkedIn. Antes de LinkedIn y la popularización de las redes sociales, estos profesionales creaban una base de datos de perfiles. El cazatalentos funcionaba así como un curator de los candidatos más adecuados para las distintas ofertas de cada cliente, alimentando su base de datos con nuevos candidatos y manteniendo reuniones para conocer mejor las inquietudes profesionales y objetivos de los mismos.

LinkedIn se ha convertido hoy esa base de datos, y las reuniones han dado paso al envío indiscriminado de mensajes desde las cuentas Premium de la plataforma. El listado casi infinito de posibles candidatos y la facilidad para contactar con ellos hacen de LinkedIn la solución más lógica. Pero si todo se reduce a dar de alta una cuenta Premium y usar las capacidades avanzadas de búsqueda y envío de mensajes, ¿para qué necesito contratar a una empresa de cazatalentos? ¿Cuál es el valor añadido? Bajo este nuevo paradigma, el cazatalentos ha pasado a convertirse en un intermediario, y si hay algo nos ha enseñado internet es que los intermediarios son prescindibles y quien sobrevive es quien aporta un valor añadido.

Maury Hanigan (@rethinkhiring), en su artículo How LinkedIn Fundamentally Ruined Recruitmentexplica en más detalle esta situación y apunta:

Lo que falta en la contratación en la era de LinkedIn es la conexión personal. Fue la profunda comprensión de los candidatos lo que hizo a los cazatalentos tan exitosos.

¿Qué hago yo en LinkedIn?

La mayoría de nosotros pensamos que mantener nuestra red activa nos deparará, más tarde o más temprano, el trabajo o proyecto soñado. Pero las posibilidades de que esto ocurra son extremadamente remotas. Si echo la vista atrás, me doy cuenta de que los cambios que han marcado mi carrera profesional han sido siempre fruto de una interacción en la vida real con otras personas. Los conocidos (o conocidos de conocidos) son casi siempre las casualidades que nos llevan a nuestro siguiente empleo o proyecto. No creo que LinkedIn sea una herramienta inútil, pero sí estoy convencido de que es un medio al que otorgamos mucha más importancia y tiempo del que merece.

Volviendo a la pregunta que abre este artículo, ¿es LinkedIn prescindible? Mi conclusión es que no es imprescindible. Si buscamos en Google una persona o empresa, es muy probable que uno de los primeros resultados sea un enlace a LinkedIn. Si estoy en una situación de búsqueda de empleo o pretendo dar a conocer mi empresa al mundo, desaprovechar el posicionamiento de esta plataforma en los motores de búsqueda carece de sentido. En cualquier otra circunstancia creo que su utilidad es muy limitada.

¿Puede LinkedIn convertirse en una red profesional verdaderamente útil? No pondría mis esperanzas en ello. Los cambios incorporados recientemente a la plataforma están claramente dirigidos a los millennials, que no parecen encontrar razones para crear o mantener un perfil en esta red. Es probable que estos cambios se traduzcan en una mayor cuota de usuarios a medio plazo, pero sin duda convertirán a LinkedIn un servicio aún más irrelevante. Los usuarios de mi generación (+40) ven cada vez menos sentido en este posicionamiento hacia lo social, y los más jóvenes necesitan establecer conexiones reales que les permitan acceder al mundo laboral y progresar en su carrera, no una mala copia de Facebook.