Céntrate (o cómo sobrevivir en un mundo de distracción)

Vivimos expuestos a un asalto constante de estímulos y notificaciones que, minuto a minuto, se apoderan de nuestra atención. Esta atención, necesaria para avanzar en nuestra carrera y en nuestra vida, se ha convertido en un bien escaso. Recuperar el terreno perdido no es una tarea fácil.

Respira


Observa tu respiración. Obsérvala por un instante. La mayoría de nosotros, al trabajar con la pantalla de nuestro ordenador o teléfono móvil, retenemos inconscientemente la respiración en un acto que la escritora Linda Stone bautizó como apnea del correo electrónico (originalmente, email apnea). Este hecho, aparentemente inocuo y que repetimos cientos de veces a lo largo del día, no pasa inadvertido para nuestro organismo. En su artículo Just Breathe: Building the case for Email Apnea (Solo respira: Argumentos acerca de la apnea del correo electrónico) publicado en Agosto del 2008, Stone describe en detalle algunas de las consecuencias que a largo plazo puede tener este comportamiento sobre nuestra salud. No resulta extraño que una de estas consecuencias sea el estrés y las enfermedades derivadas del mismo.


Dejando de lado el factor puramente biológico, la respiración juega un papel determinante en nuestra capacidad de atención y concentración. Las técnicas de mindfulness y meditación se basan en gran medida en un reaprendizaje y control consciente de la respiración. Estas prácticas, cada vez más populares y demandadas, llegan a la sociedad occidental como herramientas para conseguir una vida más centrada en cada momento y más plena. No son necesarias grandes dotes de observación para darse cuenta de cómo las actividades de nuestro día a día nos sitúan justamente en el extremo opuesto.

La meditación ha dejado ya de tener el estigma de práctica mística que se le atribuía hace solo unos años. Los cursos de meditación y mindfulness se han popularizado y cada vez es mayor el número de personas que incorporan estas herramientas con normalidad en su vida. La aceptación y difusión de estos recursos ha sido notable en estos últimos años, algo que solo se puede explicar como la respuesta de nuestra sociedad a una creciente ansiedad y dispersión de nuestra atención.


Una respiración controlada y consciente, como la que se realiza durante la meditación, mejora nuestra capacidad de atención y fija el marco para un desarrollo cognitivo sano, como puede concluirse de los resultados de diferentes estudios y meta-estudios. En palabras de la propia Stone, “en el corazón de la atención deliberada se encuentra la respiración deliberada. Respiración, atención y emoción, son conmutativas”.

Atención y productividad

En una sociedad donde las interrupciones son casi constantes, la atención se ha convertido en un recurso escaso. Como explica el filósofo Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio (Edit. Herder, 2016), el exceso de estímulos, informaciones e impulsos “modifica radicalmente la estructura y economía de la atención”, y nos reduce a máquinas capaces de reaccionar a cualquier estímulo pero incapaces de reflexionar sobre sus propias acciones. Han señala además lo contradictorio de que esta fragmentación de nuestra capacidad de concentración se produzca precisamente en una época en la que “el aumento de la carga de trabajo requiere una particular técnica de administración del tiempo y la atención”.

Solo necesitamos echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de esta realidad. Contestamos a los correos electrónicos en el tren y el metro, interrumpimos cualquier tarea para revisar la última notificación de nuestros teléfonos móviles y pasamos frenéticamente de una reunión a otra -revisando más notificaciones por el camino- sin apenas tiempo para sacar conclusiones de aquello que hemos discutido. Este estado, que Han describe como “pura agitación que no genera nada nuevo, [solo] reproduce y acelera lo ya existente” es aceptado hoy como símbolo de productividad. Asumimos que todo aquello que nos mantiene alerta y ocupados nos hace productivos, sin pararnos a pensar en cómo repercute toda esta actividad en nuestras vidas, y llegamos al absurdo de afirmar que la ansiedad y el estrés son beneficiosos porque nos mantiene alerta y nos hace máquinas de trabajar más eficaces.


En esta situación, no resulta extraño que aquellas tareas que requieren un esfuerzo mental ininterrumpido y durante varias horas queden relegadas siempre a un segundo lugar, justo porque en ese estado de agitación solo podemos reaccionar a la crisis del momento, al último correo electrónico o a la última notificación. Nos hemos acostumbrado a ver como un hecho normal perder dos terceras partes de nuestra jornada laboral en la bandeja de entrada. Ponemos todo el énfasis en tareas puramente mecánicas como reuniones, trabajo administrativo o almacenar y compartir información, convirtiéndonos así en el animal laborans -eficiente pero irreflexivo- que la filósofa Hannah Arendt describe en La condición humana (Edit. Paidós, 1993). La actual cultura del trabajo promueve y ejemplariza esta falsa productividad provocando que para muchas personas esta actividad febril sea la única forma de demostrar su valor en la empresa. La dispersión y la multitarea son ahora la norma, pero ¿a qué coste? El estrés es solo uno de los subproductos que trae consigo la sociedad del animal laborans. La desilusión, la insatisfacción, el miedo al fracaso y en último término, la depresión, son también consecuencias naturales.

Hemos dejado de lado la reflexión necesaria para el desarrollo de nuestras capacidades y el verdadero progreso en nuestra vida y nuestra profesión. Mindfulness significa conciencia plena, y supone un estado mental en el que nuestra voluntad está dedicada enteramente a una actividad y no se ve interrumpida por ninguna otra cosa. Y es solo en este estado de atención donde la productividad bien entendida se manifiesta.

Trabajo profundo

Para el profesor Carl Newport, autor de varios libros sobre técnicas de estudio y productividad personal, el salto de una actividad profesional mediocre a una sobresaliente solo puede venir dado por la dedicación consciente y focalizada de nuestro tiempo. Esta dedicación, a la que el autor llama trabajo profundo (originalmente en inglés, deep work) require una gran fuerza de voluntad y un elevado esfuerzo. El trabajo profundo no es divertido, pero es la única forma de obtener avances verdaderos en aquello a lo que nos dedicamos. Como explica el propio autor en su libro Deep Work (Piatkus Pub., 2016), “si no has dominado esta habilidad fundamental [del trabajo profundo] tendrás dificultades para aprender cosas complejas o producir a un nivel superior” (2016, p.32) .Las afirmaciones de Newport nos llevan inevitablemente a un reflexión y un replanteamiento de nuestra forma actual de trabajar o estudiar.

Esta reflexión está en consonancia con lo apuntado por Geoff Colvin en Talent is overrated (El talento está sobrevalorado. Portfolio-Penguin Pub., 2008). En el estudio The role of deliberate practice in the acquisition of expert performance (El papel de la práctica deliberada en la adquisición de un rendimiento de élite. KA Ericsson, RT Krampe, C Tesch-Römer. Psychological review 100 (3), 363) llevado a cabo con varios violinistas de un prestigioso conservatorio alemán y ampliamente comentado por Colvin en su libro, se pone de relieve que el factor decisivo para diferenciar a los buenos violinistas de los mejores no es tanto las horas de práctica como las horas de lo que los autores del estudio llaman práctica deliberada. Se entendiende por deliberada aquella práctica repetida en el tiempo, que supone un elevado esfuerzo intelectual y que requiere de toda nuestra capacidad de atención. En definitiva, alcanzar las metas deseadas en cualquier actividad no pasa solo por dedicar más tiempo a esa actividad sino también por dedicar un tiempo de mayor calidad. Se rompe así con la afirmación -basada precisamente en el mismo estudio de Ericsson, Krampe y Tesch-Römer- del escritor Malcolm Gladwell en Fuera de serie (Ed. Taurus, 2009 y publicado originalmente en inglés como Outliers), donde se afirma que para sobresalir en una actividad son necesarias al menos 10.000 horas de dedicación. La excelencia en cualquier campo no está determinada tanto por la cantidad, como por la calidad de nuestro tiempo.

Lo cierto es que existe una relación entre la atención, la calidad del tiempo de trabajo y nuestra motivación. Poner toda nuestra atención en aquellas actividades que consideramos importantes en nuestra vida o en nuestra profesión se traduce en un tiempo de mayor calidad (trabajo profundo). Este tiempo es precisamente el que nos permite progresar cualitativamente en estas actividades y a su vez nos motiva para seguir realizándolas. Como apunta Newport, conseguir la concentración necesaria para un tiempo de calidad  nunca ha sido sencillo, pero las empresas de medios y redes sociales han hecho nuestra labor mucho más difícil. El bombardeo constante de noticias y notificaciones resulta demasiado atractivo y el temor a “perderse algo” demasiado angustioso. Saber reconocer estas situaciones y actuar contra ellas es fundamental.

Consejos para una vida más centrada

Internet y las mejoras en inteligencia artificial y robótica han hecho obsoletos muchos tipos de trabajo tradicional. Pero la realidad es que una gran mayoría de los trabajos que realizamos hoy en día no pueden ser reemplazados por máquinas o por un software. Y no pueden serlo fundamentalmente porque el valor que aportamos como individuos se realiza en un nivel cognitivo que no puede ser programado en un software. En un mundo laboral contradictorio, donde las empresas buscan la uniformidad del individuo a la vez que reclaman innovación, el trabajo deliberado y profundo en nuestra actividad profesional puede convertirse en el factor diferenciador. Este trabajo no es divertido, pero como apunta Colvin “tiene que ser así. Si las actividades que llevan a la excelencia fueran fáciles y divertidas entonces todo el mundo las haría y no se distinguiría a los mejores del resto”. Pero, ¿qué estrategias podemos poner en marcha que nos permitan avanzar verdaderamente en nuestra profesión?

Organiza tu tiempo

Enfocar nuestra vida en aquello que de verdad importa y evitar las distracciones requiere una planificación. Diariamente debemos luchar contra todas aquellas cosas que reclaman nuestra atención: redes sociales, notificaciones, televisión, videojuegos, etc. Nuestra mejor arma en esta lucha es nuestra voluntad y nuestro calendario. Si de forma rutinaria bloqueamos horas en nuestra agenda para reunirnos con otras personas, ¿por qué no bloquear tiempo para reunirnos con nosotros mismos? Si necesitas tiempo para pensar en esa importante presentación, en ese nuevo plan de márketing o en la solución para el problema que lleva meses persiguiéndote, bloquea el tiempo necesario en tu calendario para estas tareas. Bloquea ese tiempo y comprométete a cumplirlo de la misma forma que lo harías en una reunión con otra persona.

Una objeción común para no llevar a cabo esta práctica es que las actividades del día a día no permiten bloquear el periodo de tiempo enfocado e ininterrumpido necesario. Resulta paradójico, sin embargo, que en esa escasez de tiempo, sí hemos sabido encontrar el hueco para dedicar varias horas a las pantallas de nuestro teléfono móvil o televisor en una distracción que mucha veces resulta vacía.

Reduce la ingesta de información

En su libro The information diet (La dieta informativa. O'Reilly Media, 2012), Clay A. Johnson compara la información que recibimos y consumimos actualmente con la comida basura. Esta información no está hecha para hacernos conscientes de la realidad del mundo a nuestro alrededor sino que, de forma análoga a la hamburguesa de las cadenas de comida rápida, es fabricada por los grandes medios de comunicación para ser de apetitosa, de rápido consumo y -sobre todo- adictiva.



El consumo constante de información convenientemente procesada no solo distorsiona nuestra capacidad de concentración, también reduce nuestra tolerancia a medios que requieren un mayor esfuerzo intelectual. El propio Johnson relata así este hecho en su libro: “hace algunos años, me encontré completamente incapaz de leer más allá de mil palabras. No había manera de que pudiera leer un artículo extenso o un libro. El concepto de leer de un libro, mucho menos escribir uno, era completamente ajeno a mí”.

Optar por una dieta informativa supone, ante todo, cambiar la relación que mantenemos con nuestro teléfono móvil. Acciones tan sencillas como eliminar aplicaciones, borrar nuestra presencia en redes sociales, o sustituir algunas horas de televisión y YouTube por un libro favorecen nuestra capacidad de atención a largo plazo y disminuyen progresivamente nuestra dependencia del teléfono móvil. Especialmente en lo referente a redes sociales, resulta inquietante cómo en apenas unos pocos años estos servicios se han adueñado por completo de nuestros días. Pensemos por un momento si la forma en la que empleamos nuestro tiempo es la que queremos y la que nos hace sentir bien.

Medita

Afortunadamente, practicar la meditación ya no es visto como algo esotérico y está cada vez más normalizado. La meditación proporciona, entre otros muchos beneficios que están ampliamente documentados, un aprendizaje de técnicas respiratorias y una mejora de la capacidad de concentración que son claves para la ejecución del trabajo profundo.

Aprender a meditar es, además, sencillo y no requiere de ningún equipo, instalación o material especial aparte de nuestra voluntad para llevarlo a cabo. Aunque existen muchas aplicaciones para iniciarse en el mundo de la meditación y el mindfulness, mi recomendación es no utilizar estas aplicaciones como punto de partida. Existen multitud de centros que imparten cursos y organizan monográficos sobre estas técnicas donde encontraremos un asesoramiento adecuado. Iniciarnos en estas prácticas con otras personas nos permitirá también compartir experiencias y ver con mayor normalidad estas actividades.

Practica el trabajo profundo

El trabajo administrativo al que nos enfrentamos hoy en día no parece tener fin. Podríamos estar trabajando durante días sin agotar todas las tareas administrativas que se nos demandan. Pero es justamente este trabajo administrativo el que nos impide desarrollarnos en nuestra profesión. Como apunta Newport, la única escapatoria que tenemos los trabajadores es la de ser conscientemente irresponsables: decir no a ciertas reuniones, no a ciertas actividades y no a ciertos correos electrónicos. En definitiva, convertir el trabajo profundo en la prioridad y no en algo que nunca llegamos a realizar por falta de tiempo.

Bloquea periodos de tiempo ininterrumpidos de 2-3 horas en la tu agenda para pensar y profundizar en aquellos temas que resultan importantes en tu profesión -o en tu vida. Comprométete a emplear este tiempo enteramente en la actividad en cuestión, dejando de lado cualquier posible distracción. Y si la cultura de la empresa o el puesto de trabajo no nos permite realizar las acciones que nos hacen avanzar profesionalmente, es quizás el momento de plantearse si estamos en el mejor sitio para desarrollar nuestra carrera.