Apple frente al Diseño Material

La ausencia de una propuesta coherente en el diseño de sus interfaces debe hacer reflexionar a Apple. Si la compañía aspira a que su software siga jugando un papel clave en la compra de sus dispositivos, tiene que hacer de la usabilidad de sus sistemas operativos y aplicaciones una prioridad.

La forma sigue a la función

MacOS, el sistema operativo originario de los ordenadores Macintosh, puso en escena ideas revolucionarias en un mundo dominado por la monotonía de los PCs y las pantallas monocromas. Años después, Apple volvería a marcar el pulso de la telefonía móvil con el lanzamiento del iPhone y el sistema operativo iOS. Movida por la necesidad de potenciar la venta de sus primeros modelos de iPhone -antes de que este dispositivo se convirtiera en un objeto omnipresente-, la compañía impulsó el desarrollo de aplicaciones e interfaces móviles, aportando soluciones a los problemas derivados de mostrar información en un espacio reducido. Este impulso innovador en el diseño de software parece hoy agotado.

Son varios los factores que permiten llegar a esta conclusión, pero el ejemplo más notable de este agotamiento es, sin duda, su servicio de música en línea Apple Music con su aplicación para dispositivos móviles del mismo nombre y las versiones más recientes de iTunes. Desde su aparición el pasado año, Apple Music ha sido ampliamente criticado en foros de usuarios y publicaciones especializadas por incorporar un diseño confuso y una usabilidad mediocre. Este hecho resulta especialmente llamativo en una compañía para la que la experiencia de usuario ha sido siempre una prioridad, y lo es aún más cuando hablamos de aplicaciones que son clave en la venta de servicios en línea.

A este factor hay que añadir lo que parece una pérdida de rumbo en el diseño de sus aplicaciones para móviles. Mientras que aplicaciones como Calendario mantienen su aspecto original, el rediseño de nuevas aplicaciones como Notas insiste en ideas pasadas como el skeumorfismo (dotar a las aplicaciones con la apariencia de objetos físicos, en este caso, la apariencia de papel), pero las combina torpemente con otras dando lugar a un resultado desigual. Fijémonos, por ejemplo, en el botón añadir (+). No es ya solo que los botones tengan aspectos y ubicación diferentes, sino que además la función que cumplen es distinta: añadir un nuevo evento al calendario en un caso y añadir un acción a una nota en el otro, y no una nueva nota como cabría de esperar. Estos ejemplos no son casos aislados. El ecosistema de aplicaciones en iOS es como un museo con obras de arte de gran belleza, pero donde los cuadros de arte abstracto se mezclan con los de arte barroco y resulta difícil entender el recorrido por las salas.

Apple parece haber renunciado a sus principios de usabilidad en favor del diseños efectistas que cumplen con la forma, pero no con la función. Sus interfaces, con fotografías muy cuidadas, un uso prominente de los espacios vacíos y tipografías de gran tamaño, no tienen una traducción clara en términos de usabilidad. Microsoft nos demostró con Metro que un diseño de interfaces atractivo es insuficiente si no se apoya en principios de uso claramente definidos. Metro, la iniciativa de diseño que hizo su aparición en el escritorio de Windows 8 y Windows Phone, introducía elementos novedosos en la interfaz de usuario a los que Microsoft no supo dotar de una identidad clara, y que prácticamente han desaparecido en las versiones más recientes de sus sistemas operativos.

El Diseño Material

En la creación de experiencias de usuario simples y atractivas Apple parecía ser la única respuesta, pero los esfuerzos realizados por Google durante los últimos dos años pueden cambiar esta tendencia. En el año 2014, durante su conferencia de desarrolladores Google I/O, Google presentó su iniciativa de diseño de interfaces Diseño Material (originalmente en inglés, Material Design). El objetivo de esta propuesta se describe así:

Crear un lenguaje visual que sintetiza los principios clásicos del buen diseño con la innovación y las posibilidades de la tecnología y la ciencia.

Esta iniciativa no es rupturista. No propone nuevos modelos sino que, basándose en conceptos asentados en el campo del diseño, establece unas líneas bien definidas para el desarrollo de una experiencia de usuario unificada, sin importar el tipo de aplicación o dispositivo. Como se ha señalado, esta propuesta no es necesariamente mejor, pero es bien cierto que el esfuerzo realizado por Google para promover el uso de sus principios materiales es enorme cuando lo comparamos con el de sus competidores. Artículos, guías de estilo, tutoriales y vídeos sobre Diseño Material inundan la red. Las charlas acerca de este tema cuentan con su propio espacio en la conferencia anual de desarrolladores de Google, y la página web donde se detallan los aspectos de esta iniciativa es rica en detalles y ejemplos de implementación. Esta abundancia de información contrasta con lo limitado de la guía de estilo de Apple para el desarrollo de interfaces en iOS.

La propuesta de Google pretende llegar a cada rincón del ecosistema Android, con la incorporación de un número creciente de aplicaciones móviles. Cada vez son más los desarrolladores que hacen uso de elementos característicos del Diseño Material como el panel deslizante, las tarjetas o el botón de acción superpuesto. Estos elementos no son arrojados al azar a la interfaz, muy al contrario, su ubicación, aspecto y comportamiento se basan en reglas bien establecidas. Las aplicaciones mejoran porque, como señala Meng To, cuando las reglas de estilo son estrictas es difícil salirse de ellas y hacerlo mal. Las aplicaciones muestran mayor coherencia sencillamente porque, al contrario de lo que ocurre con iOS, el desarrollador cuenta con más herramientas y mejor información.

Lo Material como estándar

Lejos de ser algo reducido al entorno del sistema operativo Android, los principios materiales se hacen también un hueco en las aplicaciones para iPhone y iPad. Google publica incluso guías para a aquellos desarrolladores que quieren trasladar sus aplicaciones entre uno y otro entorno manteniendo las señas de identidad de cada uno. En contra de lo que algunos analistas han criticado, Google no pretende imponer su estándar de Diseño Material en iOS, sino crear uno donde actualmente no existe.

En un momento en el que las aplicaciones de nuestros móviles incorporan cada vez más funcionalidades, la necesidad de un estándar es crucial. Para hacernos una idea de esta creciente complejidad, pensemos en la integración de Google Maps con Uber y servicios de Taxi o las inclusión de asistentes personales en servicios de mensajería como Facebook Messenger o Google Allo. Si bien es cierto que establecer un estándar en el diseño y usabilidad puede hacer las aplicaciones móviles más parecidas entre sí, esto no tiene por qué ser necesariamente aburrido. Tal y como apunta Michael Horton en su artículo de Wired, todas las aplicaciones comienzan a parecer la misma, pero esto no es algo malo si con ello se consigue simplificar la experiencia del usuario.

Pero el interés de Google en extender su iniciativa no finaliza en el móvil. Con la presentación de su proyecto Polymer, los principios materiales se trasladan a las aplicaciones web, permitiendo que los desarrolladores se centren en el creación de servicios y no de interfaces. De nuevo, este hecho contrasta con la ausencia de Apple en lo que a desarrollo web se refiere. Las aspiraciones por parte de esta compañía de hacer de la venta de servicios en la nube un eje de su negocio chocan con un aspecto pobre y excesivamente simplistas de aplicaciones web como iCloud Drive, Photos o las versión en línea de Pages, Numbers y Keynote.

Apple Watch y watchOS

La falta de unas directrices claras de diseño y usabilidad por parte de Apple están originando una fragmentación en iOS muy similar a la que existe todavía en el ecosistema Android. Cada desarrollador parece buscar la forma más original de interactuar con su aplicación, muchas veces en contra de lo que tiene sentido. Es precisamente esta disparidad de criterios la que ha minado durante años la evolución de Android, y a la que Google pretende hacer frente con su iniciativa material. Esta situación, unida a una presencia aún tímida de Apple en servicios web, puede hacer peligrar el atractivo que los dispositivos de la marca tienen para el consumidor. No podemos olvidar que Apple es fundamentalmente una compañía de hardware, y que su objetivo -como ha declarado su director ejecutivo Tim Cook en varias ocasiones- es el de usar el software como elemento conductor a la compra de dispositivos.

Pero no toda la esperanza está perdida. El sitio web para el diseño de interfaces con Apple Watch y watchOS -el sistema operativo que da vida al reloj inteligente de la compañía- muestra un notable esfuerzo por encontrar una forma coherente y eficaz de interactuar con este dispositivo. Quizás Apple, que en las últimas versiones de su sistema operativo de escritorio ha incorporado elementos propios del iPhone -Siri, como ejemplo más destacable-, pueda seguir el mismo principio con su reloj inteligente, utilizando watchOS como base para una renovación de su software móvil.

No estamos hablando aquí de implementar las soluciones adoptadas en un dispositivo de 3 pulgadas a una pantalla de un móvil o un ordenador, sino de adaptar y ampliar aquello que funciona a otros dispositivos, dotando a todo el ecosistema Apple de una identidad y uso común. Los cambios anunciados en su pasada conferencia mundial de desarrolladores parecen indicar una apuesta por trasladar elementos de usabilidad incorporados inicialmente en watchOS a iOS. El cambio en el centro de notificación, con alertas enriquecidas y el uso de tarjetas deslizantes en el centro de control, se asemejan notablemente al funcionamiento del reloj inteligente.


Pero esto no es suficiente. Apple debe definir con más y mejor información sus principios de diseño y usabilidad, poner en relieve la importancia de seguir estos principios y dotar a los desarrolladores de más herramientas. Es necesario además apoyar aquellas aplicaciones que hacen buen uso de estas normas (por ejemplo, dándoles un lugar relevante en su tienda de aplicaciones App Store) y ayudar económicamente a los desarrolladores más pequeños (por ejemplo, reduciendo las tarifas de acceso y comisiones de su Store), que no cuentan con la posibilidad de invertir en diseño y usabilidad.

(este artículo fue publicado originalmente en LinkedIn el 28 de Agosto de 2016)